
La estrategia no tiene desperdicio: yo no discuto con mi mujer más de cinco minutos –dijo.
“...después se pierde el tema central de la discusión, empiezan los reproches"
que si
“aquello que me hiciste hace veinte años”
que si
“cuándo volverás a hacerme lo mismo”
que si
“bla, bla, bla”
-dijo.
Me parece acertado y, aún más, me encantaría ponerlo en práctica. Me esfuerzo sin éxito, y dicho fracaso convierte una magnífica estrategia vital en potencia, en un signo de identidad
de facto."