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La expansión del hombre

La expansión del hombre

SEGUNDA PARTE. ADAM X Y YO (De nuestro encuentro hasta su muerte)

La expansión del hombre. En 1995 Adam X ya era considerado unánimemente por la crítica internacional el más grande artista contemporáneo. Teniendo en cuenta que estaba vivo y era relativamente joven aquello era una extraordinaria “consideración”. Vino a Barcelona a dirigir al equipo que montó la instalación “Contracción”. Yo trabajaba como becario en el departamento de escultura de la Facultad de Bellas Artes a tiempo parcial. Complementaba mis testimoniales ingresos con los trabajos más dispares: repartidor de pizzas, camarero en pubs nocturnos... y vigilante de exposiciones de Arte. La Doctora Maria Castell estrenaba condición de "comisaria". Como becario a su cargo participé en la elaboración del catálogo. Oh, nada que tuviera un mínimo interés: reclamar los textos a los críticos de turno, encargar las traducciones, gestionar los derechos intelectuales, hacer el seguimiento del timming de la imprenta… Cualquiera de esos trabajos por los cuales nadie puede realizarse. Por supuesto, mi nombre no aparecía en los créditos. El premio que recibí a cambio de tal servilismo fue un contrato eventual de vigilante. Ni siquiera de guía… cinco horas diarias de martes a domingo de pie en una esquina de la sala velando por la integridad de la obra del absoluto gurú del Arte contemporáneo. A priori nada extraordinario. Sin embargo aquello cambiaría mi vida.


-Hey, muchacho ¿Y a ti?

-¿Perdone?

-Dame tu opinión.


Aquellas fueron las primeras frases que intercambiamos, sin duda un extraño comienzo para una amistad. La sala estaba a rebosar de políticos, especialistas en arte contemporáneo y periodistas. La mayoría comentaban “La No-Instalación” de Adam X.

Uno: La instalación consistía en ver la sala vacía, algo bastante insólito en el museo.

Dos: La instalación era el público.

Tres: “Contracción” no titulaba una instalación, sino una performance. Adam X se reía de la intelligentsia del mundo del arte contemporáneo y criticaba el crédito que había conseguido el arte-absurdo.

Cuatro: Directamente y con indignación abundaba la hipótesis del “esto es una tomaura de pelo”

Cinco: el perseverante “explíquenos, Sr. Adam”.

Evidentemente el Sr. Adam X. no se explicaba. Se dedicaba a beber cava.

Inventé una respuesta que no me hiciera parecer un completo patán:

-Se llama Contracción, pero tengo la sensación de expandirme en esta sala.

Inmediatamente tuve la certeza de haber fracasado. Oh, Superartista no me contestó. Superartista fue directamente a interrumpir la conversación que Lady Comisaria mantenía con Mister Alcalde y me señaló con el dedo. Me sorprendió aquella violación de las mínimas normas de cortesía y urbanidad.

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