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Marías, Javier, Corazón tan blanco

Marías, Javier, Corazón tan blanco Marías, Javier, Corazón tan blanco, Madrid, 2004, Santillana Ediciones generales, S.L.

El aspecto de mis libros habla de su contenido, de la experiencia estética que me ha producido su lectura. Si he encontrado muchos párrafos, frases o ideas que me valen la pena las subrayo y hago una visible marca en el lomo del libro. Tantas marcas como inputs. Si el libro me ha inspirado contendrá además párrafos enteros de mi cosecha en los márgenes o en las páginas en blanco. Si durante el tiempo que lo he leído he procurado no separarme de él tendrá seguramente anotaciones de cualquier tipo: horario de trenes, teléfonos, fechas, peso corporal. Cuando acabo de leer un libro que me gusta lo dejo hecho un cromo. Mi ejemplar de Corazón tan blanco es un poema visual; una obra de arte povera. Sepan que incluso se me cayó en la bañera. Ahí tienen un dato relevante del pulso de esta maravilla made in Marías.
La historia atrapa inmediatamente por su calidad total (fluidez y preciosismo del lenguaje utilizado, temática, la credibilidad de una historia que se asoma a la frontera del realismo mágico mediante una atmósfera hipnótica y turbadora,...) y su comienzo que nació (por factura) clásico:

“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.”

Un ejemplo de un tema central de la novela: lo que se dice y lo que no, la voluntad de saber o no, la relación entre realidad y lenguaje:

(p.61) ...veía que Luisa cerraba los ojos para que yo no pudiera hacerla partícipe de mis impresiones respecto a a Guillermo y Míriam y la mujer española enferma, ni ella a mí de las suyas. No era desconfianza ni falta de compañerismo ni ganas de ocultamiento. Era simplemente instalarse en el convencimiento o superstición de que no existe lo que no se dice. Y es verdad que sólo lo que no se dice ni expresa es lo que no traducimos nunca.”

En el siguiente fragmento leemos reflexiones en torno a Macbeth. Entre ellas encontramos el título de la novela:

(p.107) “Los dormidos, y los muertos, no son sino como pinturas”; ”Aflojas tu noble fuerza, al pensar en las cosas con tan enfermizo cerebro”; “No se debe pensar de esta manera en estos hechos: así, nos hará volver locos”; ”No te pierdas tan abatido en tus pensamientos”. Esto último se lo dice tras haber salido con decisión y haber regresado de untar los rostros de los sirvientes con la sangre del muerto (“Si sangra...”) para acusarlos: “Mis manos son de tu color”, le anuncia a Macbeth; “pero me avergüenzo de llevar un corazón tan blanco””, como si intentara contagiarle su despreocupación a cambio de contagiarse ella de la sangre vertida de Duncan, a no ser que “blanco” quiera decir aquí “pálido y temeroso”, o “acobardado”

Más adelante volverá a incidir en “Los dormidos, y los muertos, no son sino como pinturas” idea que hace escoger a Javier Marías la imagen de portada (Rolla, de Henri Gervex, 1878) del libro:

(p.289) “...los hombres son impacientes y quieren irse, de pronto les molesta la cama deshecha y la visión de las sábanas y las manchas, el resto, el rastro, el cuerpo imperfecto en el que ahora se fijan y no quieren fijarse (antes lo abrazaban sólo, ahora les resulta desconocido), tantas veces se ha representado en pintura y en cine a la mujer abandonada en el lecho,...”
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