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Nadia Comaneci, Hannibal Lecter y yo

Nadia Comaneci, Hannibal Lecter y yo Uno:
Me pregunto si alguno de mis compañeros de promoción de 1976 también cayeron prendados de Nadia Comaneci. Teníamos 7 años y la obligación de gastar energías en tirarnos piedras a la cabeza. Las niñas, evidentemente, eran unos seres extraños que sólo merecían atención por constituir el objetivo preferido de los pedazo de cafres que estábamos hechos. Pero claro, tocaba gimnasia y las niñas no hacían bien ni media voltereta. En cambio Nadia... La primera gimnasta en recibir la máxima puntuación: 10.00. Los medios de comunicación estaban enloquecidos con esa graciosa niña-perfecta. Y en el gimnasio teníamos un poster.
Y dos:
¿Han visto El Dragón Rojo? La precuela de El silencio de los corderos. Véanla. Antes de los creditos iniciales hay una escena clave y bien resuelta. Me refiero a la detención de Hannibal Lecter (Sir Anthony Hopkins) por el detective WIll Graham (Edward Norton). En ella Lecter acuchilla en el vientre a Graham y ambos hombres quedan durante un momento agarrados. Lecter describe al oído de su víctima el proceso de shock que está padeciendo e intenta sugestionarlo para que deje de luchar contra su inminente muerte. STOP. Me he quedado tieso, con los sentimientos enfrentados de: 1) satisfacción ante un hallazgo feliz. Y 2) decepción porque el director no tuvo ese mismo hallazgo. Me explico: Hannibal Lecter tiene una mala relación (por decirlo de alguna manera, con el sexo. Se deja entrever que es homosexual, especialmente en la última parte de la trilogía (Hannibal) donde se vale de una sesión de sado (aderezada con “polvo de ángel”) para convertir a Mason Verger en su ulterior víctima. Sin embargo la admiración que se profesan mutuamente Hannibal Lecter y Will Graham (también entre el Caníbal y Clarice Starling) es de una sutileza que sólo se aguanta por la pulsión sexual que se percibe. Compulsión, nunca consumada, por impensable.
(Tengo, por fuerza, que acordarme de Alien y Ripley; llámenme sinestésico)
¿A dónde quiero llegar? Pues que en esa escena (magnífico Norton en su habitual cara de niño enfermo desorientado) Brett Ratner (el Director) no ve que el acuchillamiento es una suerte de penetración y que cabía perfectamente una brevísima secuencia de un segundo para mostrar a los dos hombres no ya agarrados, sino abrazados.
Y más aún: que a mi me parece tan evidente esa lectura (que esa escena tiene que ser así) que tengo el convencimiento infundado de que si Brett Ratner no la ha incluído es sencillamente porque no sólo no es un fanático de Hannibal el Caníbal; ni siquiera un buen entendedor de las novelas de Thomas Harris ni de la implicación que tienen sus adaptaciones al cine.

Yo pensaba esto y la verdad, después de escribirlo, es una visión tan personal que se me antoja única. Y entre dicha visión y las divagaciones en torno a Nadia Comaneci sólo cabe como nexo mi propia persona. Así que de alguna manera la niña divina de la gimnasia y el doctor en psiquiatría acotan mi identidad.
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3 comentarios

Mar -

Yo escribí lo anterior.se me olvidó identificarme

jesús -

Hay que reconocer que ambos poseen una sonrisa arrebatadora.
¿No te identificas, anónimo?

Anónimo -

COMENTARIO: He tenido que meditar porque a mí lo de pensar me lleva su tiempo. De la pequeña Nadia a Hannibal se establece un vínculo, la perfección. Nadia y su perfección física, de una superioridad prodigiosa. Hannibal es un personaje de presumible inteligencia, tal vez superior al resto, casi perfecta al servicio de la locura..
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