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ellosnoexisten

Taylor en la cama

Taylor en la cama Frederick W. Taylor y Adam Smith entre otros están regocijándose en sus respectivas tumbas. Se descojonan a mi costa. Llevan tiempo ya. Desde que decidí hacer regularmente vacaciones y buscar únicamente mi placer, el beneficio personal, con el control de métodos y tiempos. En la cama, digo. A diferencia de los gurús de capitalismo yo no creía que la ambición personal produjera bienestar en terceros. Así que yo, en mis vacaciones, en la cama, digo, me someto a las propias apetencias. Y por no esperadas, me descolocan, esas declaraciones tipo “del día después” en plan: “me cuesta caminar pero bueno... eres un amante muy generoso”.
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9 comentarios

maRia -

JAJAJA. Burma ha regalado ese texto a todos, menos a mí. Snif.

Mar -

Yo me quedo con el dibujo, es en sí mismo otro discurso. :P

jesús -

sí, lu, sí.
Sollo, gracias. No sólo por la visita: aportas.

solloína -

ah, la sombra de los muslos; la tiranta de la camiseta, a lo Brando femenino; los labios que aspiran... Tiempo detenido en la cama.
Felicidades, Jesús.

lu -

es curioso y contradictorio eso de ampliar el placer a base de buscar el propio. Espirales que se abren.
;)

jesús -

burma, un placer. Gracias por el regalo.
Dolores, crees que un master...?
Gracias, bienvenida y vuelva ud. si le gustó.

Dolores -

Pues ahora tendras que aficionarte y hacer un estudio de gestión científica para ver lo que se puede producir en condiciones óptimas y con un plan de incentivos, estímulos.

burma -

Antes de que desvirtúes el texto con otro trocito de provocación entre líenas--->

El acto de dar, nace de un instinto puramente egoísta.

burma -

Antes de que lo desvirtues con tu propio texto ;)---->

FUMARTE

Me enciendes, uno detrás de otro. Prender la llama es tan fácil. La amiga cerilla, el artificial mechero o la moribunda colilla. Una calada, una sola calada. Fuerte, decidida. Dentro. Entra. Con ganas. Abierta. El humo se corre en mi garganta. A oscuras. Contigo siempre a oscuras, para viciar mi mirada tan sólo en tus palabras. Y dejarte ir. Manos quietas. Boca desnuda. Piel sin palabras. Ojos, te doy todos mis ojos. Ojos para acariciar la línea naranja que marca cómo consumes mi tiempo, tic tac, cenizas. Te apagas, siempre se apagan, abandonados, mientras yacen en el ataúd de mi cenicero. Lástima, dejarte morir por una sola calada. Cuando a mí lo que me gustaría es retenerte entre mis dedos, matarte a largas y espaciadas caladas, recrearme con tu misterio y mi vicio, sorprenderme con los labios secos que te atrapan y me desgajan, con el dolor de las yemas quemadas perdida la noción de la cuenta atrás, sin péndulo en mi reloj. Aspirar, llenar. Contaminar, enfermar, escocer, arder.
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