Dios ve algunas cosas

Mis límites primeros estuvieron en la piel. La propia y las ajenas. Y entre esos límites ajenos (cuerpos femeninos, para qué engañarnos) me situaba. Esto es, mi lugar quedaba establecido, indefectiblemente, en base a un sistema de referencias. Poco a poco pues, unos y otros cuerpos me llevaron a una situación de equidistancia. A falta de un verdadero corpus teórico que justificara mi posición forcé alguna idea aristotélica sacada de mis libros de texto. Así practiqué mi costumización particular de aserciones tales que: La valentía no es una virtud porque se oponga a la cobardía, lo es porque se sitúa en un punto intermedio entre ésta y la temeridad. De 1994 es el romance:
En un punto equidistante
del amigo y del amante
En una quinta estación
entre el frío y el calor
dos fuerzas comulgan gestos,
besos, susurros modestos
de te quieros. Convulsiones,
gemidos, sudoraciones,
gritos: ¡No pares ahora!
Pues les va en la demora
Ahorro de no se qué
que a él deja sin ver
cómo ella dibuja un guiño:
Así, sigue así, cariño
hasta que no puedas más
(encájate a voluntad)
Nada como el repaso histórico para entender lo mucho que cambian ciertas cosas, la inalterabilidad de otras. Uno de los descubrimientos más relevantes que hice en la facultad es cómo dominar los lugares. El lugar es un fundamento (también) de la escultura. Uno aprende que para descentrar un cuerpo no es necesario moverlo, basta ampliar en un sentido su sistema de referencias. De ahí que mantener una posición en un escenario cambiante necesite de la adaptación. Somos susceptibles de continuas mejoras, aun de aquellas faltas que se ocultan tras la fachada que vestimos.
(p.40) Parece ser que, en una ocasión, uno de los jóvenes colaboradores de Lutyens se encontraba grafiando la fachada trasera de una de las casas que se estaban proyectando en el estudio. El Maestro, tras estudiarla con detenimiento, observó que la posición de una de las ventanas alteraba la composición general, a lo que su colaborador objetó:
-Esto no es problema: el muro que cierra el patio de servicio está tan próximo que esta abertura no se puede relacionar con el resto de la fachada. Nadie podrá ver esta falta de rigor geométrico.
A lo que el Arquitecto repuso impasible:
-Dios sí lo ve.
(...) ...han existido creadores, y quizás continúe existiendo alguno, para los que estas imperfecciones, aún siendo absolutamente inapreciables para cualquier observador, resultan inaceptables. Ni siquiera la certeza de que estas limitaciones no podrán detectarse antes de su muerte parece tranquilizarlos.
Tusquets Blanca, Óscar, Dios lo ve, Barcelona, 2000, Anagrama
No quiero venir a decir que Dios, pudiendo ver todo, mire todo. Habrá cosas que le interesen de verdad y otras absolutamente superfluas de las que, simplemente, pase. Conozcan el criterio de su particular Dios y habrán encontrado el punto de equidistancia.
3 comentarios
x pibernat -
jesús -
Tú decides la hortaliza
;)
lu -
Ojalá a mi dios le dieran igual mis imperfecciones. Igual tngo que pasarlo por quirófano.