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ellosnoexisten

un caballo a las puertas de Ciudad Identidad

un caballo a las puertas de Ciudad Identidad “Nuestra invencibilidad depende de nosotros; la vulnerabilidad del enemigo, de él” de la edición de Ayllón, José Ramón, El Arte de la Guerra ( Sun Tzu ), Barcelona, 1999, ed. Martínez Roca

Sun Tzu (s.VI a.C.), podría haber dicho lo mismo de otra manera:
Bien
“Nuestra invencibilidad depende de nosotros; la invencibilidad del enemigo, de él”
o también
“Nuestra vulnerabilidad depende de nosotros; la vulnerabilidad del enemigo, de él”
Ambas alternativas ofrecen una visión más objetiva en la medida que “invencibilidad” i “vulnerabilidad” son sustantivaciones de adjetivos calificativos, esto es, valoraciones de la misma característica. Sin embargo estamos ante un caso claro en el que el lenguaje es utilizado en su estructura interna para aportar una visión personal y, por qué no decirlo, sugestionar al receptor.

Saltemos la distancia temporal (unos 26 siglos) y temática (el arte de la guerra es, obviamente un tratado sobre el conflicto bélico). Se puede hacer. Dada su capacidad de extrapolación este libro se ha convertido en la biblia de cualquier alto o medio directivo de empresa, comercial, político o activista (entre otros).

Me dijo Toni hace unos meses algo que me quedó grabado en espera de tener una respuesta propia:
“Ningún hombre tiene más razón que el resto de hombres juntos”
Falso.
De razones…todos tenemos ¿No? Y ¿Se supone que el mero hecho numérico de constituirse en “unanimidad-1” dota de sabiduría? Evidentemente, de lo único que dota es de la fuerza de la mayoría. Una fuerza tan poco garante de racionalidad como la superioridad de fuerza física. Tan poco garante de justicia como un superior coeficiente intelectual.
Y pensaba en esto porque acabo de pasar unos momentos en los que he tenido que valorar si debía combatir en soledad hasta las últimas consecuencias una posición que creía justa. ¿Quieren saber qué hice? Primero abandoné mi queja por la situación en la que me había metido. Para ello me sirvió un existencialista:
“Un hombre nada puede desear a menos que antes comprenda que sólo debe contar consigo mismo; que está solo, abandonado en la tierra en medio de sus infinitas responsabilidades, sin ayuda, sin más propósito que el que él mismo se fija, sin otro destino que el que él mismo se forja en la tierra.”
JEAN-PAUL SARTRE
en: Marinoff, Lou. Más Platón y menos Prozac, Barcelona, 2001, Ediciones B.
Así que éste artículo que en un principio debería haber sido clasificado en “estrategias vitales”, merced a un posicionamiento ético se ha convertido en un habitante de “identidad”
Ya tienen su respuesta
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