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sin tocar

sin tocar Precisamente porque Uds. pueden encontrar fácilmente reseñas y ensayos completos referentes a la obra de Richard Serra, mi aportación a propósito de “la materia del tiempo”, la última producción del escultor para el Guggenheim de Bilbao, se circunscribirá a unas reflexiones políticamente incorrectas susceptibles de no ser encontradas en los canales habituales.

1. El dardo envenenado de Frank Gehry
(me pareció un título menos cabrón que “el beso de judas de Frank Gehry” o “la puñalada trapera de Frank Gerhy”)
Si nos creemos las declaraciones de Serra, esta serie de esculturas monumentales son un encargo del museo que conjuntamente con su obra “snake” completan una instalación pensada para la sala 104 que ex profeso proyectó F. Gehry. Efectivamente, no hay museos que dispongan de un espacio cerrado de la magnitud necesaria para albergar las piezas de Serra, cuya escala refiere (sólo en ese aspecto, bien estará decirlo) a la arquitectura. Cuando uno se presta a la experiencia de pasear (recorrerlas, medirnos con ellas, habitarlas) por el interior de las esculturas es inevitable en algún momento que la vista busque una escapatoria. La salida, como en el laberinto de Dédalo está hacia el cielo. En el Guggenheim se nos interpone, no ya un techo neutro, sino una bóveda gritona, exhibicionista, impúdica, indiscreta y metomentodo de Gehry.

2. Sin tocar.
Por una vez, no puse una reclamación a la atención de la dirección del museo. Ya en anteriores visitas me quejé ante el absurdo celo que se guardaba con obras de gran formato, incluso proyectadas para exterior. No tocar un Chillida me pareció absurdo. No tocar las esculturas de Serra, aparte de un absurdo, es prácticamente imposible. Pero no sólo te encuentras con los carteles de “no tocar”. No sólo estás monitorizado como en una galería de presos peligrosos. Además, la experiencia íntima que consiste en habitar las esculturas de “La materia del tiempo” (las tripas de las esculturas que uno debe recorrer sólo dan para un bolo alimenticio unipersonal) se convierte en la experiencia íntima de quien camina delante de una de las vigilantes de la sala. El Guggenheim se nos impone como la conciencia castrante de una adolescente reprimida.

3. Arrogancia y honestidad.
En la exposición podemos visionar una entrevista al escultor. En ella Richard Serra se nos muestra un tanto arrogante. No es para menos. De entrada todos los escultores lo son. Indefectiblemente. Los escultores se consideran herederos de su antecesor común. Dios hizo a Adan modelándolo en barro. Y de una costilla de aquel hizo a Eva. Y alejándonos del mito... verán; es cierto que otras disciplinas como la pintura permiten una mayor agilidad, experimentación, avance. También errores de bulto en base a planteamientos superfluos. La escultura requiere un gasto tal de energías, tiempo y dinero que sus pasos son muy lentos, pero son pasos de gigante que sientan cátedra. Richard Serra declara convencido y sin pudor que no le interesa experimentar con la arquitectura. Para ser más exactos dice: “no estoy interesado en la fontanería”. Y dice también que los arquitectos tienen que tener en cuenta una serie de problemas prácticos que coartan la libertad de la que dispone un escultor. No le falta razón. Y a sus sesenta y seis años no acepta que la obra de su amigo Frank Gehry se considere Arte. Entre otras perlas “los escultores dibujan mejor que los arquitectos”. Y reta al entrevistador: “Pregúntele a él y le dirá lo mismo, le dirá que dibuja mucho peor que yo”. Y lo decía absolutamente en serio.

(Gracias, Marta, por tu hospitalidad)
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7 comentarios

Pedro -

Entre el calor y la tormenta de esta tarde no estoy para demasiados discursos. Pero.
Tengo el Guggen ahí, al lado de mi casa, paso muchas tardes por su parte trasera, junto a la ría, corriendo, otras veces paseando.
Suelo entrar a menudo al museo, soy “amigo de”; ha significado mucho para Bilbao, en cierto sentido nos ha “culturizado”, nos ha dado otra dimensión (falta nos hacía). Pero.
Serra, Oteiza, Dine, Viola, bueno, tantos y tantos. ¿Arte?¿negocio? ¿monumental tomadura de pelo a nuestros “visionarios “políticos que pagan las rondas con el dinero común?
Demasiado calor, otro día seguimos.
Me gusta –mucho- tu blog
Un saludo.

Ah, y me gustan tus dibujos.

jesús -

Golfo, y los arquitectos menos que Gran Hermano. Encantado de tus visitas y que nos encontremos en lugares comunes. Por cierto, Golfo, la próxima vez que vengas a mi blog haz el favor de cerrar bien la puerta, que se cuelan los tontos.

Karabolo -

Os dais cuenta de la cantidad de tiempo que perdeis? No teneis nada más que hacer vagos?

Golfo -

"...a diferencia de los escultores", quiero decir.

Golfo -

Lo de Ghery es totalmente cierto, tanto se impone el museo que como a muchos museos/obrita personal contemporáneos la gente ya no va por las exposiciones.
Mmmm... por parte de los arquitectos y los parámetros de más que deben jugar a diferencia de los arquitectos... diré lo que dedía una reseña de física cuántica de un libro de texto de no se que año: "quizá las cosas ya no son tan fáciles, pero son mucho más divertidas."
e infantilmente espeto: la arquitectura tiene muchos más espectadores. chínchate, serrín.

lu -

es genial lo de la arrogancia de los escultores.
Un beso

uncastellano -

Enhorabuena por los dibujos. Son muy creativos.
Saludos
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