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El hombre que se enamoró de la luna

El hombre que se enamoró de la luna

/////////////////actualización 24/12/2005//////////////////////////////////
Nueve meses depués de la recomendación de Job, he leído:
Spanbauer, Tom, el hombre que se enamoró de la luna, Barcelona, 2002, Quinteto, El Aleph Editores, S.A.
A su buena reseña sólo me cabe añadir algunas perlas que justifican sobradamente cualquier acercamiento a esta imprescindible novela.

(p. 48) -Me folló hasta hartarme, toda una proeza -comentaba Ida-. Era como estar con una polla, ese chico. Nunca me ha sucedido algo parecido. La polla no se le había desarrollado del todo. Apenas tenía un pelo en los huevos. Sabía a carne joven, y créeme si te digo que lo recorrí entero.
(p.73) Ida Richilieu necesitaba su tiempo y sus cigarrillos delante del espejo entre las tareas del día y las tareas de la noche. Necesitaba contemplarse. Necesitaba beber de su vaso de whisky y contemplarse. A veces, Ida frente al espejo, yo veía el reflejo del licor, de los cigarrillos y el rostro tenso de una mujer mayor. A veces veía el reflejo de sus brazos endiabladamente esqueléticos y las descarnadas piernas de una jovencita. Lo veías cuando levantaba los brazos para estirarse el cabello. Esa mujer despedía el olor de sulfurosas primaveras o tierras profundas. La curva de su brazo bajando hasta el negro pelo de sus axilas,bajando hasta sus pechos, siempre me hacía pensar. Sus oscuros, redondos y grandes pezones golpeaban mi corazón igual que el vello negro de su agujero de mujer... golpeaba mi corazón cuando la veía, cuando la olía.
Y también algo más. Esos lugares de Ida -los pezones, el agujero de mujer, el culo, las axilas- no parecían pertenecerle del todo. Era como si esas partes fueran un añadido: un corsé en el que se metía y que preteba para trabajar por las noches. De día era la auténtica Ida: lavando, limpiando, barriendo; Ida, blanca y tersa, llevaba su negocio, gritaba órdenes para que se hicieran las cosas. Luego, por la tarde, Ida se introducía en su sexo, en aquellas partes suyas, sujetándolas con una correa, igual que thord Hurdlika se colocaba sus guantes de vaselina; Thord e Ida, dos trabajadores infatigables que procuraban conservar alguna parte de su cuerpo suave.
(p.140) Como sucede con la mayoría de los hombres, su sudor olía a semen y culo, incluso después de haberse lavado.
Dellwood Baker olía como la mayoría de los hombres sólo que más: olía como una bodega llena de manzanas podridas o patatas, o como las entrañas de un ciervo cuando abres un ciervo. Como el aliento de un caballo después de que el caballo ha comido peras. Un olor fuerte como el musgo de un manantial.
Su olor era como el que, supongo, despide un toro al olisquear a una vaca en celo: era un olor tan abiertamente sexual que te hacía retroceder.
(p.164) Lo primero que aprendí por mí mismo, sin que me lo dijera Ida, Dellwood, Alma u otra persona, mi primera auténtica verdad fue ésta: follar era igual que todo lo demás; lo que pensabas que hacías no era lo que estabas haciendo. Pensabas que estabas mamando y penetrando y besando, aguantando y eyaculando. Pero lo que en realidad hacías era contar una historia.
Antes que nada, de todos modos, necesitas saber que tienes una historia. Luego tienes que contarla. Saber cómo contar bien tu historia es importante, pero el secreto para follar bien es lo bien que sepas escuchar. Follar sólo sale bien cuando las dos historias empiezan a ser la misma historia -la historia de la trayectoria sexual humana-, cuando los dos cuerpos dejan de ser dos cuerpos y pasan a ser una única y gran laceración, un único corazón latiendo.
(p.165) Aquellos que tienen algo que necesitan esconder siempre odian a aquellos que no lo esconden...
(p.185) Los árboles parecían asustados.
Se apretaban juntos en el centro de un vacío. A ningún árbol en su sano juicio se le habría ocurrido jamás crecer en un lugar semejante... a no ser que los hubieran forzado a ello... y supuse que forzados a ello se habrían agrupado lo mejor que habían podido, como una familia, levantándose orgullosos y altos, proyectando sombra en un desierto que carecía por completo de ella.
(220)Mientras Charles Smith disparaba no dejé de mirar el cañón del rifle. La bala entró en mí, en mi corazón. Miré la sangre que me recorría el pecho. Volví a mirar hacia arriba. Los ojos salidos de Charles Smith eran los ojos del diablo. Su sonrisa, la sonrisa de la garganta rajada del cerdo; el destello de la bayoneta al rojo vivo clavada a fondo en su cerebro, hediéndose, de oreja a oreja.
Charles Smith volvió el arma en su dirección. Se metió el cañón en la boca. Disparó y los sesos le saltaron por el aire.
Y entonces: mi respiración, mi corazón.
Y un instante después, nada.
Charles Smith me había matado.
No había luz, sólo oscuridad.
(p.273) Ida siempre magnificando lo que realmente sucedió al tiempo que juraba que todo lo que decía era cierto, que era la palabra de Dios que, para Ida, nunca estaba demasiado lejos de la suya.
(p.280) El problema es que Alma creía estar enamorada de Dellwood Barker.
Alma Hatch creía que era amor. Pero no era amor. Ni tampoco la hierba. Se trataba sólo de la forma de ser de Alma.
(p.307) (...)decía que había que andarse con cuidado con las historias que te creías sobre la gente de color porque la mayoría de las historias que escuchabas sobre la gente de color las contaban blancos, y cuando hablaban de la gente de color la mayoría de los blancos se volvían un poco locos o completamente locos, y las historias sobre negros locos contadas por blancos locos tendrían que hacerte pensar.
(p.353) Lo cierto es que me entraron ganas de acercarme a donde estaban para preguntarles cómo hacerlo: estar tan limpio y convencido de tener razón. Cómo amar a Dios o a Joseph Smith o a quien fuera que hubiera que amar para que el sol brillara en ti de ese modo. Tú con tu madre, tu padre, tus hermanos y hermanas; tú con tus hijos, limpio y confiado; toda tu familia viviendo contigo en una casa con más de media ventana, con muchas habitaciones y a la que poder llamar hogar
Lo cierto es que quería ser blanco, quería ser tybo. Quería ser mormón. Tener las reglas de los mormones. Leer el Libro. Tener esposa e hijos. Tener un gran ataud y las cosas limpias y ordenadas cuando me muriera.
(p.360) Ida decía que los inviernos llegaban de tres en tres, y lo decía como lo decía todo. Como si no hubiera una sola posibilidad en el infierno de equivocarse.
(p.366) Lo que recuerdo del concurso es que el concurso empezó a media tarde y que el concurso empezó follando. No follando sino hablando de follar. (...) de haber podido habría dicho lo siguiente: quien mejor me ha follado es la bala de Charles Smith.
(p.438) Era uno de esos días perfectos de verano en las montañas de Idaho, cuando el aire es tal que no puedes decir dónde termina tu cuerpo y dónde empieza el mundo.



Job me recomienda:

SPANBAUER, Tom.El hombre que se enamoró de la luna Muchnik editores. Novela.

El hombre que se enamoró de la luna es un libro que no necesita que la literatura gay se ponga de moda, ni que los editores estén más interesados ahora que hace unos años en publicar libros que antes parecían destinados a un bien definido y reducido mercado. Es una novela capaz de llegar por méritos propios a un público que carezca de razones personales para interesarse por él, o sea, alcanzar la universalidad, el problema fundamental que se plantea a cualquier escritor ya sea indio, judio, homosexual, etc que pretenda hacer buena literatura. Y Tom Spanbauer lo ha conseguido con este libro.

Spanbauer empezó a vivir abiertamente su homosexualidad cuando se trasladó a Nueva York durante la revolución gay de los años 70; antes estuvo casado y desempeñó todo tipo de trabajos. Mientras escribía El hombre que se enamoró de la luna trabajó de portero en un edificio de Nueva York.

De El hombre que se enamoró de la luna lo menos que se puede decir es que es una novela sorprendente en muchos aspectos: de entrada sorprende el hecho de que consiga cautivarte tanto, se lee de un tirón. Sorprendente es también el realismo mágico impregnado de filosofía india que destila la prosa (?) de Spanbauer (el personaje central cree poder desaparecer a voluntad); sorprende que su autor no sea indio; y sorprende la deliciosa confusión de poesía, sexo, leyendas que parecen contadas por un anciano indio a la luz de la hoguera, opio, ternura y fantasía.

El personaje central, Cobertizo, toma el nombre del lugar donde recibía a sus clientes, Afuera-en-el-cobertizo; es medio indio y vive en el prostíbulo de Ida Richelieu, la alcaldesa de excellent (Idaho). Mantiene una relación edípica con el que cree que es su padre, el hombre que estaba enamorado de la luna, el vaquero de frondosos ojos verdes que le enseñará el arte de tener orgasmos sin eyacular. Junto a Alma Hatch, la mujer que llegó un dia al local de Ida y pagó en metálico para pasar la tarde con Cobertizo, los cuatro forman una familia en la que el amor se manifiesta en todas las formas posibles: compartiendo el sexo, el whisky, el opio, y el odio por los mormones de excellent, que serán incapaces de tolerar el, para ellos, pernicioso comportamiento de los habitantes del local de Ida.

"Breve historia de todas las cosas" Ken Wilber
http://www.agapea.com/BREVE-HISTORIA-DE-TODAS-LAS-COSAS-n124176i.htm

"Normas para el parque human" Peter Sloterdijk
http://www.agapea.com/NORMAS-PARA-EL-PARQUE-HUMANO-n100557i.htm

"El hombre que confundio a su mujer con un sombrero" Olivier Sacks
http://www.etiquetanegra.com.pe/revista/2004/17/sombrero.htm

Coincidencias

Coincidencias

Dice bién Daniel Ripollés desde El renglón torcido:

“Llevamos años ensalzando la ley del mínimo esfuerzo, descuidando la cultura, premiando a los tramposos (a menudo haciendo la vista gorda) y dejando morir de asco a los serios, responsables y trabajadores. Al final, nadie se esfuerza por superarse, ni lee sus trabajos dos veces, ni se preocupa por la excelencia.”

Pensaba el otro día de una manera similar. Añadía de mi propia cosecha “el miedo que tienen todos los mediocres ante cualquier signo de competencia, cómo dedican unas energías (que serían preciosas a la hora de mejorar) a combatir cualquier posibilidad que muestre el “enemigo” en levantar la cabeza”. De hecho creo que es la característica que más define a un mediocre. No nos engañemos pensando que el tiempo deja a cada uno en su sitio. Ese juez a veces falla mal o falla demasiado tarde. No seamos cómplices con nuestra ingenuidad y buenapersonalidad. Impongámonos por el bien de todos y en defensa de una mínima idea de justicia la tarea de desenmascararlos y desterrarlos.

A otra cosa

Debo reconocer que aunque no soporto las novelas de Saramago, coincido a menudo con sus ideas. El pasado fin de semana escuché en la radio apenas tres minutos de entrevista en la que el escritor defendía dos que habitualmente me enfrentan con el pensamiento (por decirlo de una manera cool) “stablished”:

1. El Feminismo ha perdido la gran oportunidad de incidir en la sociedad para influenciar o transformarla mediante la gran aportación de las virtudes exclusivamente femeninas. En lugar de esto la estrategia feminista se ha basado en buscar la igualdad en un mundo de hombres con lo que:
a) jamás llegarán a conseguir tal igualdad, dado que parten de una desventaja inabarcable.
y
b) Las mujeres que supuestamente alcanzan el estatus deseado por el feminismo lo hacen asumiendo plenamente el rol masculino. ¿O es que alguien ha visto la “mano” de mujer en los ministerios que éstas han ido ocupando? Hablamos del gobierno central, pero también de la dirección de mega-empresas al estilo de FCC.
Quien quiera abundar en esto puede consultar de Paglia, Camille, Vamps & Tramps, más allá del feminismo, Madrid, 2001, Valdemar (Enokia s.l.)
Un bocado a bote-pronto: “La sociedad moderna está estructurada ahora para poner impedimentos limitatorios entre el desarrollo físico de la mujer y sus ambiciones profesionales. La ideología feminista empezó afirmando que daba a las mujeres libertad, conocimiento y autodeterminación, pero ha terminado alineando a las mujeres profesionales de sus propios cuerpo”

2. No somos la persona que éramos. Aquí el argumento del escritor es idéntico al mio (desarrollado en conversación con Sole en casa de Teresa hace unos años, durante una cena):
a) Nos definimos en tanto que persona por una serie de parámetros como: aspecto físico, manera de pensar, bagaje cultural, ocupación, relaciones personales, gustos y aficiones, experiencias, expectativas de futuro, etc.
b) Todos esos parámetros son mutantes. Hagan la prueba mirando atrás cinco años: cambio físico (incluída la sustitución de la inmensa mayoría de las células que nos componen), cambio de residencia, cambio de amigos, más experiencia vital, cambio de trabajo, adquisición de nuevas ocupaciones, cambio de escenario familiar.
c) ergo…¿Soy la misma persona? Qué no ha cambiado de mi. Para los que no creemos en el alma ¿existe una esencia personal inmutable?
La cultura popular recoge esta idea en un chiste: “Jose le dice a Juan: Este hacha era de mi bisabuelo. Juan le responde que parece muy nueva y Jose concluye: bueno, mi abuelo le cambió el mango y mi padre le cambió la hoja.”
Y relacionado con todo esto
Nosotros tenemos una imagen hecha de nosotros mismos. Pero ¿no somos acaso más como nos ven los otros? Basta incidir en la cuestión para darnos cuenta de lo poco que coincide nuestro autorretrato con el retrato común que nos hacen nuestros conocidos.
En fin… el dibujo que ilustra este post es el retrato que me hizo en el cole Beatriz, mi hija (3 años). Por cierto ¿No le notan uds. Un cierto parecido a Saramago?

Stendhal en Stockholm

Stendhal en Stockholm

O padecer el secuestro de la belleza y justificarlo

En un arranque (o freno, según se mire) de prudencia he esperado unos días.

Me paré en seco con los recaudos propios de quien tiene un historial de ataques cardíacos y siente un pinchazo en medio del pecho. “Mierda de Síndrome de Stendhal”. Ya saben: tras un largo día admirando Florencia, Stendhal entró en la iglesia de la Santa Croce y sintió una extraña angustia acompañada de vértigos. Recurrió a un médico que le diagnosticó una sobredosis de belleza. Puse a trabajar la máquina pensante, que es lo recomendado en casos psicosomáticos agudos. Aquellas piernas. Aunque no habituales tampoco extraordinarias. O sí. Formas definidas unidas en transiciones sutiles, la malla de lycra que realza los volúmenes por su dibujo reticular, pero también por la diferencia de densidad, mayor y más oscura cuanto menor diámetro. Hay más. Tobillos delgados y tendón de Aquiles marcado. Ese prodigio natural de tejido que señala como una saeta la unión con el suelo. Remítanse los cultos de alma al héroe homérico. Remítanse los fetichistas a la continuación del tacón de aguja. ¿Dije tacón? Ya suponía que había más. No lleva tacones. De hecho no lleva zapatos: una suerte de viejas babuchas o pantuflas doradas. Dos reflexiones al respecto. Uno: la nula adecuación del calzado en tanto que exento de lujo. Y dos: mi crítica se desmorona ante la gracia de movimientos exhibida. De ahí una falta de entendimiento: de ahí el desmoronamiento del castillo de naipes de las ideas fijas. Ejemplo ad hoc: los tacones son necesarios para caminar con esa sofisticada gracia cuya contemplación desde hace tan sólo un par de generaciones a los occidentales nos produce ese cosquilleo en la entrepierna (gracias Manolo Blahnik)
Soy yo, pensé tras la mínima autoterapia de pasar el momento por el tamiz de la razón. Pero no. Los demás transeúntes también quedaban alterados ante el paso decidido de Lady Espectacular. A otros niveles, claro. De sensibilidades y grados de domesticación tenemos la trastienda llena. Así pues, no soy yo. Es ella. Saqué la cámara y corrí. Un arrebato. La alcancé en el paseo de Colón y le hice una instantánea. Todavía no le había visto de frente. Ni idea de su cara. Sospeché que aquello sólo podía ir a peor, así que me abracé a mi Síndrome de Estocolmo ¿Para qué estropearlo? ¿Para qué escapar de mi rapto?

Data/Intro: Barcelona, 15 de marzo de 2005, 12.30 horas. Unos diez grados y nublado. Desapacible. Caminaba a buen paso con rumbo a la calle Montcada. Ante la fachada de Santa María del Mar me adelantó una chica. Una minifalda de cierto vuelo que cubría apenas un tercio de sus muslos. Unas piernas que valoré como preciosas, cubiertas con unas medias de rejilla.

paraísos perdidos.jpg

paraísos perdidos.jpg

Heredé el ordenador de Laura, así que me quité de encima el viejo Pentium II a 233 y pantalla de 15 no sin antes hacer un backup que ingresó en la nueva máquina. Más tarde que pronto tocó revisar ese material salvado. Me decidí a ello tras hacer un barrido por la parrilla televisiva y quedarme petrificado viendo un video-clip. En Flaix TV tuvieron la idea de pasar el November rain de Guns'n'Roses. Es una canción llena de reminiscencias personales y que se me hizo insoportable volver a escuchar la letanía de notas dulces y estiradas de Slash. Apagué la televisión y me ordené el zafarrancho del old-hard-disk-backup. Eliminar archivos. Conservar archivos. Clasificar archivos. Los motivos (para dedicarse a tan extraña actividad) entenderán que son muchos y muy variados. Volví a ver fotos de hace años y algunas de ellas (ante las que pasé más rato) constituyen un indicio arqueológico de un paraíso personal. El certificado en baja resolución (extensión jpg) de la pasada existencia de un Edén. Paraíso perdido, pues. Y no más importante ni significativo, aunque más trágico: irrecuperable. Es bien cierto, sin embargo que en los momentos en que se tomaron esas fotos yo no tenía conciencia de la intensidad positiva con que estaba viviendo, las emociones contradictorias se sucedían a un ritmo tal que producían un efecto narcótico. Cuanto menos impedían gozar de momentos felices que duraran tiempo suficiente para marcar una época. La única estrategia válida para los que somos felices “a pelota pasada” es sembrar. Esto es:
arar
sembrar
abonar
y en la espera de la lluvia de noviembre recoger la cosecha de años anteriores.
(cero dudas a propósito del paraíso que me está construyendo BeatrizBeatriz)

sospecha de sentido

sospecha de sentido

Job Ramos, El día en que Jim Pomeroy conquistó el Vallès
Sala Montcada de la Fundación "la Caixa". Barcelona

Esto no va a ser una reseña sobre la instalación. Para eso mejor ir a la web de la Sala Montcada. O mejor aún, ir a la Sala Montcada a verla. O mejor aún a disfrutarla. Esto va de feed-back unipersonal y público.
Me apetece comenzar con una evidencia: hay que ir con una mente abierta a ver El día en que Jim Pomeroy conquistó el Vallès. Ya les advierto que el esfuerzo intelectual hay que hacerlo, pero les auguro suculentos dividendos. Porque Job Ramos es un tipo generoso que no nos abandona ante una obra críptica. Tras una aparente falta de coherencia narrativa y propositiva, a poco que nos interesemos en la instalación surgirán las preguntas que, en mi opinión dotan de sentido a la obra de Job. Cuantas más preguntas más sentido y más personal. Yo mismo, lleno de prejuicios formalistas pasé del “mierda-una-de-motos-ruidosas-y-videoarte” a sufrir una tormenta de reflexiones de esas que se viven con la alegría de haber realizado un hallazgo feliz. De esas que te hacen mostrar una cara a lo Amelie. En apenas 24 minutos. Dirán Uds. Que todo esto habla más de mí que de la propia exposición, pero no me negarán que precisamente de eso se trata cuando hablamos de Arte Contemporáneo. Y lo que seguro que no pueden negar es que estas respuestas personales e intransferibles sea parte de lo que pretende Job. Para no dejar lugar a dudas la sala nos ofrece información accesoria, especialmente una jugosa entrevista al autor en la que responde con sinceridad y lucidez a cuestiones relacionadas con su proceso creativo y con la obra expuesta en particular: épica, narración, realidad, edición, repetición, cámara lenta, sonido, el día que… Un ejemplo: “Si estás insistiendo sobre un elemento una y otra vez, el espectador, automáticamente, dentro de este contexto de sospecha de sentido, deduce que allí hay un punto caliente para la evolución de esa posible historia extraña o no-historia”
Un pero: la moto de la instalación me parece prescindible.
Finalmente el web site de Job Ramos, muy recomendable.

Gracias por el favor

Gracias por el favor

Traición. Excusa. Olvido. Decepción. Infidelidad. Orgullo. Cobardía. Ansiedad. Brutalidad. Rendición. Oscuridad. Nervios. Patada. Repugnancia. Silencio. Insulto. Interés. Intolerancia. Machismo. Manipulación. Mentira. Mordisco. Fatalidad. Frustración. Gritos. Hundimiento. Asco. Ataque. Culpabilidad. Desatención. Desengaño. Deslealtad. Desprecio. Dolor. Egoísmo.
Dejar de quererte ha sido realmente fácil.

Extraído de http://detrasdemi.blogspot.com/
bajo una licencia de Creative Commons

ellosnoexisten. Jesús Bordas Luque

ellosnoexisten. Jesús Bordas Luque

“Creemos que ellos son reales y que están aliados contra nosotros. Ellos se han convertido en el enemigo.
Pero no lo son. Yo, que he cobrado por encontrar nuevas estrategias de manipulación, puedo asegurarte que ellos somos nosotros”

Douglas Rushkoff, Coerción, por qué hacemos caso a lo que nos dicen, Barcelona, 2001, la liebre de marzo S.L.

Con esta cita de Douglas Rushkoff inicio este blog de pensamiento pantuflario y abandono la práctica del lurking. De entrada aclararé una obviedad: la frase de Rushkoff tiene un sentido muy determinado dentro de su altamente recomendable libro. Sin embargo, sin perder dicho sentido, convertir aquel pensamiento en cita hace aflorar nuevas interpretaciones.
1. Y principal. Todos estamos metidos como partícipes dentro del mundo coercitivo. A menudo nos quejamos amargamente de ver en los demás actitudes que obviamos en nosotros.
2. Ellos NO son el enemigo. No deduzcan, sin embargo, que sean amigos. La actitud coercitiva se plantea como común denominador humano, responsabilidad máxima que ha recaído tradicionalmente en la muerte.
3. “Ellos somos nosotros”. Esta paradoja nos lleva al “Ellos no existen” y al “Nosotros no existimos”. Me atrevo a deducir que para recuperar la identidad dentro del “banco de pirañas” la primera estrategia posible es dejar YA de comportarse como un hijoputa. Apúntese.

a cinco años vista

a cinco años vista

Digamos que me encontré este boceto en una vieja agenda o, para ser más exacto y poético, "vino a mi" con actitud de arcángel anunciador. Data de 1996. De cuando mi amigo imaginario Manu desarrollaba su estrategia "vivir a cinco años vista". Era algo parecido a esto:
Si vives al dia, como si esperaras morir pasado mañana, te metes en una vorágine. Nada te importa excepto disfrutar a tope (sic) el momento. Nada que valga la pena lo pospones. Cualquier cosa que puedas posponer no vale la pena. Y claro, resulta que llega "pasado mañana" y no te mueres y algunas de las consecuencias de tus actos de "ayer" y "anteayer" se convierten en una factura enorme. Pero... si piensas que tienes toda la vida por delante... me parece que rápido alcanzas a la vida y te has dejado en el camino de lo bueno la mitad de lo mejor. En cambio, imagínate que te diagnostican una enfermedad mortal, pero que te quedan cinco años de vida. Yo creo que con ese plazo uno intenta disfrutar del momento sin renunciar a hacer planes. Por ejemplo si estuviera en mi último día de vida no plantaría un árbol (eso decía Luther King, que él sí) pero si me quedaran cinco años sí que lo plantaría y lo regaría un par de veces y comprobaría su enraizamiento y me alegraría unas cuantas veces con el florecer,...
Bien, pues resulta que esta semana mi almendro ha florecido. Tarde, sí, parece que en esta casa todo el mundo tiene una personalidad muy "propia". Otra que va del mismo palo es la Nisa. Con sus nueve años cumplidos tiene ya unas "entendederas" que fascinan y el carácter asentado como el de una gran dama que disimula sus locas experiencias de juventud sabiéndose de buena familia. Hoy hemos ido al veterinario. Hace una semana que perdió en la riera el collar. Casi puedo apostar a que se lo quitó ella misma. No lo suele hacer pero esta vez tenía justificación: un otohematoma. Esto es: un bulto en la oreja derecha que le molestaba cosa mala. En fin, el veterinario le ha extraído el líquido y la ha puesto en tratamiento. Me la miro. Todavía no le he comprado otro collar y la verdad de momento no veo la necesidad. Se la ve como con un punto más de salvaje. Sabe que los de su raza suelen vivir unos catorce años, así que está justo "a cinco años vista". Pensaba en esto y me acordé de Manu y de su teoría y busqué alguna anotación en la agenda de 1996 y encontré la imagen.

madalenas

Espero cero sorpresas porque en una web de pensamiento (ni que sea pantuflario) aparezca como tema principal la cocina. Somos lo que comemos y cocinar es un indicio de nuestra actitud filosófica. ¿Escogemos los mejores ingredientes?¿Los procesamos con amor?¿Creemos en la presentación en la mesa? ¿Enfrentamos nuestra voluntad de construir el plato a la sutil tiranía del precocinado industrial? Y así ad infinitum. Y todas estas cuestiones, cuando de criar un hijo se trata, adquieren una envergadura ineludible: hablamos de alimentar saludablemente, pero también de compartir una actividad esencial en nuestra cotidianeidad, de educar y educarnos, de mantener tradiciones y de investigar,...
MADALENAS DE LA ABUELA (concrétamente de la mía, léase Mama Quica)
Una de las recetas más simples y quizás la de mejor rendimiento.
Ingredientes
Huevos, Harina, Aceite y Azúcar todo en la misma proporción. (Mida en un vaso el volúmen de los huevos que vaya a utilizar y utilice esa misma cantidad del resto de ingredientes)
Levadura en proporción a la cantidad de harina que utilicemos.
Preparación
Mézclense todos los ingredientes, sirvanse en las cápsulas de papel (u otros moldes ad hoc y métanse en el horno (que habremos calentado a 150 grados) durante 15 minutos.
Esta es la receta base. A partir de ella pueden hacer las variaciones que consideren pertinentes.

parejas y otras aritméticas

La frase es de Godoy: "Hay matrimonios que acaban bien y otros que duran toda la vida"
Si les parece bien, obviemos el concepto "matrimonio". De parejas y de sus "adosados" es de lo que va esto. Empírico, digo; el cien por cien de las parejas (y por extensión el cien por cien de las unidades familiares -concepto administrativo?-) que pertenecen a mi sistema social inmediato (léase amigos y conocidos llegados a más) viven sendas crisis que compiten entre ellas por el premio a la excelencia. Les aseguro que la guerra promete pues a todas ellas les queda poco espacio de perfectibilidad ¿Hablamos?

RECLAMACIÓN

RECLAMACIÓN

-Lo confieso: esta mañana no tomé la medicación. De ahí mi sorpresa.

Bárbara y los niños reían durante el desayuno. El huraño de mi vecino me ha saludado y se ha ofrecido a llevar mi basura hasta el contenedor. Durante el camino hasta el trabajo ningún conductor me ha pitado ni me ha cerrado el paso. Mi jefe ha aceptado un retraso en la entrega del informe.
Un montón de detalles de bondad, un día no diferente a cualquier otro del último mes.

-No soy yo, doctor.

 

 

Ya he visto tu web. Espero que crezca en cuanto a contenidos y participacion. Pondre unos granitos de arena en esta labor. En cuanto a eso de las identidades, despues de comer solo se me ocurre escribir el nombre del grupo de rock que he escuchado hace poco: YOU AM I
:-)
  • Fecha: 09/03/2005 17:25
  • Autor: x.pibernat